Daenerys y el Dragón Azul

Juego de Tronos. Daenerys Targaryen, llamada Daenerys de la Tormenta, La que no Arde, Rompedora de Cadenas y Madre de Dragones.

Dragona Saphira

Película Eragon.

viernes, 1 de julio de 2016

LEYENDA DEL DRAGÓN DE ARRASATE (MONDRAGÓN)

 
Antiguamente, el actual pueblo guipuzcoano de Mondragón se llamaba Arrasate. Cerca de Arrasate está el monte Murugain, en cuyas estribaciones vivía un fabuloso dragón.

Este dragón había impuesto un terrible tributo a Arrasate. Todos los años, en día señalado, tenían que entregarle las más bellas doncellas de la localidad para que se las comiese.

Para ello, el dragón había trazado con la cola un camino, que aún se conserva hasta el caserío Inchaurrondo, debajo y muy próximo del castillo de Arrasate, en Santa Bárbara.

En cuanto aparecía por Inchaurrondo, tenían que entregarle las doncellas, pues de lo contrario, salvando fácilmente las murallas, entraría en la villa sembrando el terror y la muerte.

Un día se reunieron todos los vecinos poco antes de la fecha de pagar el tributo, y se pusieron a cavilar cómo evitarían entregar las doncellas al dragón, que, ya para atemorizarles, volaba en las noches de plenilunio hacia otras montañas, emitiendo silbidos temerosos, con los que no dejaba sosegar a nadie.
 

viernes, 24 de junio de 2016

EL NACIMIENTO DE LOS TRES DRAGONES DE DAENERYS TARGARYEN

 
Mirri Maz Duur, esclava, maga y curandera del khalasar de Khal Drogo, proclamó que para crear vida se debía entregar vida.
 
Daenerys quemó el cuerpo de su esposo Drogo en una pira funeraria, a la que ató a la maga Mirri Maz Duur y donde puso los tres huevos de dragón que habían sido su regalo de bodas, para luego entrar ella misma al fuego.
 
Los huevos de dragón eclosionaron y nacieron tres dragones, Drogon, Viserion y Rhaegal.
 
 Drogon
 
Su nombre es en honor al marido fallecido de Daenerys, Khal Drogo.
 
Es el más grande y agresivo de sus tres dragones.
 
Tiene escamas negras, sus cuernos y alas son de color rojo sangre, y lanza una llama color negro con rayas de color rojo.
 
Se cree que él es la reencarnación de Balerión "El Terror Negro".
 
El Huevo de Drogon fue negro con ondas y remolinos de color escarlata.

Rhaegal
 
Llamado así por el hermano de Daenerys, Rhaegar Targaryen, que murió a manos del rey Robert durante la Rebelión de Robert, es verde con escamas de color bronce.
 
Rhaegal tiene los ojos de color bronce, que brillan con su propio calor, y su llama es de color naranja-amarillo, con vetas de color verde.
 
El Huevo de Rhaegal era de color verde oscuro con brillantes escamas de bronce que desaparecieron cuando Daenerys lo trajo de vuelta.
 
Viserion
 
Llamado así por Viserys, hermano de Daenerys, sus escamas son de color crema, pero sus cuernos, huesos de las alas y la cresta dorsal son de oro.
 
Los dientes de Viserion se describen como puñales negros brillantes y sus ojos parecen piscinas fundidas de oro. Lanza una llama de color oro pálido, con estrías rojas y naranjas.
 
A pesar de que es de color crema, a Viserion se le llama comúnmente "el dragón blanco".
 
Su huevo era de color crema pálido y surcado de oro.

 
 

LOS ANTEPASADOS DE LOS DRAGONES DE JUEGO DE TRONOS


Son muchos los dragones que poseyó la dinastía Targaryen desde sus comienzos, pero estos son los principales a excepción de los 3 dragones de Daenerys, que pertenecen a la saga Juego de Tronos y de los que hablaremos en otro post de esta web.
 
DRAGONES DEL REY AEGON II

Sunfyre: también conocido como el Dorado, fue el dragón del rey Aegon II Targaryen.
Luchó en la guerra de la Danza de los Dragones, en la que devoró a Rhaenyra Targaryen tras su derrota y a Moondancer, el dragón de Baela.

Vhagar: Aemond utilizo al dragón para atacar las Tierras de los Ríos. No consigo sobrevivir a la batalla en Harrenhal contra Caraxes. Ambos dragones cayeron desde gran altura al Ojo de Dioses. Su cadáver no fue encontrado hasta varios años más tarde.

DreamFyre: (Reina Helaena), fue uno de los cuatro dragones que se encontraban en Pozo Dragón cuando miles de hombres de la ciudad se alzaron en revuelta contra ellos.

Tessarion: (príncipe Daeron) también conocido como La Reina Azul, Tessarion peleó contra Addam Velaryon y Seasmokeen la Segunda batalla de Ladera.

Morghul: (Jaehaera Targaryen). No luchó en la guerra de la Danza de los Dragones debido a su juventud. Fue asesinado por los habitantes de Desembarco del Rey en Pozo Dragón durante la revuelta acaecida debido a la inseguridad y el miedo.

Shrykos: (Jaehaerys Targaryen). No luchó en la guerra de la Danza de los Dragones debido a su juventud. Durante la batalla de pozo dragón la gente atacó a los dragones como hormigas; un hombre, se dice que era Hobb el Talador, subió a la espalda de Shrykos, se agarró a su cuello y aunque la bestia se retorció y rugió para quitárselo, el hombre fue capaz de asestarle siete hachazos, nombrando a los Siete en cada uno.

 
DRAGONES DE LA REINA RHAENYRA
 
Syrax: (Rhaenyra Targaryen) enorme y formidable, fue asesinado durante el asedio a pozo dragón.

Caraxes: apodado El Wyrm Sangriento, fue el dragón del príncipe Daemon Targaryen.
Se trataba de un terrorífico dragón entrenado para la batalla. Montado en Caraxes, Daemon desafió a Aemond Targaryen, yendo este último montado en Vhagar. Tras una brutal batalla, dragones y jinetes murieron en el Ojo de Dioses

Vermaxfue: el dragón de Jacaerys Velaryon. Luchó en la Batalla del Gaznate, donde murió al volar demasiado bajo y estrellarse contra el mar.

 
Arrax: fue el dragón de Lucerys Velaryon joven pero fuerte, fue asesinado junto a su jinete en la bahía de los naufragios.

Tyraxes: fue el dragón de Joffrey Velaryon. No llegó a luchar en la guerra de la Danza de los Dragones, falleció durante el asedio a pozo dragón.

Stormcloud: fue el dragón del rey Aegon III Targaryen en su juventud. El dragón fue herido por varios disparos de ballestas y por el proyectil de un escorpión que le atravesó el cuello. Aguantó lo suficiente para llevar a su jinete hasta Rocadragón, donde murió una hora después.

Meleys: (Rhaenys la reina que nunca fue) apodado la Reina Roja, Durante la guerra civil luchó en la Batalla de Grajal. Se enfrentó a Aegon II Targaryen y Sunfyre junto a Rhaenys. La batalla acabó con la muerte de Rhaenys y Meleys.
 
Sylverwing: (la buena reina Alyssane) Durante la Danza de los Dragones fue montado por Ulf el Blanco en la Batalla del Gaznate. Fue uno de los dragones semisalvajes de Montedragón que Los Negros intentaron domar con nuevos jinetes. Fue uno de los pocos dragones que sobrevivió a la guerra.

Seasmoke: fue el dragón de Laenor Velaryon. A la muerte de éste, quedó sin dueño y vivió en estado salvaje. Finalmente, fue domado por Addam Velaryon. Fue asesinado por Vermithor en la segunda batalla de la ladera.

Vermithor: apodado Furia de Bronce, fue el dragón de Jaehaerys I Targaryen. A la muerte de este El dragón se rindió ante un herrero bastardo llamado Hugh Hammer, quien lo montó durante la guerra. Vermithor mató a Seasmoke clavándole los dientes en el cuello y arrancándole la cabeza en la segunda batalla de la ladera.

Sheepstealer: (Nettles) fue un dragón salvaje que vivió durante la Danza de los Dragones y uno de los pocos que logro sobrevivir a la misma.
 
Grey Ghost: fue un dragón salvaje que habitaba el lado oriental del volcán Montedragón. Fue nombrado así por los habitantes de Rocadragón. Este dragón nunca fue reclamado ni montado por ningún hombre. Murió y fue parcialmente devorado por Sunfyre a su regreso a Rocadragón.

Cannibal: era un dragón negro como el carbón. Su guarida estaba llena de huesos de aspirantes a jinete de dragón. Vivió en la parte posterior de Montedragón y sus habitantes lo apodaron así porque tenía debilidad por la carne de dragones muertos, recién nacidos y sus huevos. Jamás fue domado.

Morning: (Lady Rhaena) era muy joven para luchar y por lo tanto sobrevivió a la guerra.
 
Fuente:
Martin George R R - El Mundo De Hielo Y Fuego



viernes, 17 de junio de 2016

SEIRYŪ, EL DRAGÓN AZUL JAPONÉS

 
Seiryū es el nombre japonés que se le da a un dragón de color azul, en la mitología japonesa, que forma parte de los cuatro monstruos divinos. Es representante de uno de los puntos cardinales, el este. Simboliza, también, el elemento agua.

 Su origen proviene de uno de los cuatro símbolos de las constelaciones chinas. Los chinos llaman a Seiryū, el dragón azul o dragón azul del este. Además de representar al este, los chinos lo relacionan con la estación de la primavera. No se le debe confundir con el dragón amarillo que está asociado al emperador de China.

En Japón, el dragón azul es uno de los cuatro espíritus guardianes de las ciudades y se dice que protege la ciudad de Kyoto sobre el este. El oeste es protegido por Byakko, el norte por Genbu y el sur por Suzaku.
 
En Kyoto hay templos dedicados a cada uno de los espíritus guardianes. El templo de Kiyomizu representa al dragón azul.
 
Antes de entrar al templo hay una estatua del dragón, la cual se dice que hay que beber a medianoche desde la fuente que hay dentro del complejo del templo. Luego se reúnen en ceremonia para adorar al dragón del este.
 
En 1983, la tumba de Kitora fue hallada en la aldea de Asuka. Los cuatro guardianes fueron pintados en las paredes en sus correspondientes direcciones junto a un sistema de constelaciones en el techo. Éste es uno de los únicos grabados de los cuatro guardianes.

Seiryū en otros lenguajes:

Cheong-ryong en coreano.

Thanh Long en sino-vietnamita.

Qīng Lóng en pinyin.


 

LEYENDA DEL DRAGÓN Y EL SHĪSĀ


En cierta ocasión, un emisario enviado a China regresó de uno de sus viajes, a la corte japonesa, en el castillo de Shuri, trayendo un regalo para el rey:
 
Una gargantilla con una pequeña figura de un shīsā. Al rey le pareció adorable, y se puso la gargantilla bajo su ropa.
 
Entonces, sucedió que en la bahía del puerto de Naha, en la aldea de Madanbashi, un dragón marino aterrorizaba a la población, devorando a los habitantes y destrozando edificios y cultivos.
 
Un día, mientras el rey visitaba la pequeña aldea, ocurrió uno de los ataques del dragón marino y toda la gente corrió a refugiarse.
 
A la sacerdotisa del pueblo (noro), se le había revelado en un sueño que debía convencer al rey para que permaneciese de pie en la playa, sujetando en alto la pequeña figura del shīsā hacia el dragón.
 
Envió entonces a un muchacho llamado Chiba para que advirtiese al rey de lo que debía hacer.
 
Cuando el rey se enfrentó al monstruo con el shīsā en alto, un tremendo rugido envolvió la aldea. Un rugido tan profundo y poderoso que incluso el dragón se sorprendió. Entonces, un gigantesco pedrusco cayó del cielo y aplastó la cola del dragón.
 
El dragón no podía moverse, y finalmente murió.
 
Con el tiempo, la piedra y los restos del dragón quedaron cubiertos por la vegetación y pueden verse hoy en día en los bosques de Gana-mui, cerca del puente Ohashi de Naha.
 
Desde entonces, la gente del pueblo fabricó muchos shīsā de piedra para protegerles del espíritu del dragón y de cualquier otra amenaza.
 
(Adaptado de Leyendas de Okinawa de Chizue Sesoko)

Los shisa son seres mitológicos japoneses típicos de la cultura Ryukyu presente en la prefectura de Okinawa. Generalmente se encuentran representados sentados o agazapados, y formando parejas, en las cuales uno de ellos presenta la boca abierta y el otro cerrada, atribuyéndoseles género masculino y femenino respectivamente. Tradicionalmente el ejemplar izquierdo era llamado perro guarda, el derecho, era, concretamente, el llamado shisa.

En la cultura de las islas Ryukyu se colocan flanqueando las puertas de entrada o sobre el tejado frontal de la casa, donde juegan un papel protector como guardianes contra los malos espíritus.
 
Originalmente los shisa se colocaban sobre los tejados de palacios, templos, y otros edificios donde se asentaban los poderes imperiales o locales. El uso de Shisa como talismán se difundió en la población de Okinawa a finales del siglo XIX, cuando se levantó la prohibición del uso de tejas rojas a plebeyos. También es habitual su uso en los flancos de las puertas. Los shisa son un animal, mezcla entre león y perro que muy probablemente sean, al igual que los koma-inu, una derivación local de los perros de Fu chinos, propios del Budismo. Estas figurillas suelen fabricarse en cerámica o yeso, estos últimos suelen contar con motivos humorísticos.



 
 
 

viernes, 10 de junio de 2016

LA DESTRUCCIÓN DE VALYRIA POR LA MALDICIÓN


La gran belleza de los Valyrios—con su cabello color plata o dorado y ojos en tonalidad de color púrpura no encontrados entre otras razas del mundo—es bien conocida, y a menudo presentada como una prueba de que los Valyrios no eran completamente de la misma sangre que otros hombres. Aunque, hay maestres quienes señalan que, mediante la reproducción selectiva de animales, uno puede hacer resaltar una característica deseable, y que poblaciones en aislamiento con frecuencia pueden mostrar notables variaciones que podrían considerarse fuera de lo común. Esto puede ser una respuesta más probable para el misterio de los orígenes Valyrios, aunque esto no explica la afinidad con los dragones que aquellos con sangre Valyria claramente tenían.

Los Valyrios no tuvieron reyes, en lugar de eso se llamaron el Feudo Franco porque todos los ciudadanos que poseían tierras tenían voz. Se elegían arcontes para ayudar con el gobierno, pero eran elegidos por los señores del Feudo de entre ellos mismos, y por un periodo limitado de tiempo. No era frecuente que Valyria fuera gobernada por una sola familia del Feudo aunque tampoco era del todo imposible.

LOS VALYRIOS APRENDIERON algo deplorable de los Ghiscari: la esclavitud. Los Ghiscari que ellos conquistaron fueron los primeros en ser esclavizados, pero no los últimos. Las montañas ardientes de los Catorce Fuegos eran ricas en minerales, y los Valyrios los anhelaban: cobre y estaño para el bronce de sus armas y monumentos; también hierro para el acero de sus legendarias espadas; y como siempre, también oro y plata para pagarlo todo.

Las propiedades del acero Valyrio son bien conocidas, y son el resultado tanto de plegar el hierro varias veces para balancearlos y remover las impurezas, y el uso de hechizos—o al menos artes que nosotros no conocemos—para darle una fuerza supernatural al acero resultante. Esas artes ahora se han perdido, aunque los herreros de Qohor afirman aún conocer los hechizos para reforjar el acero Valyrio sin que éste pierda su fuerza o su capacidad inigualable para mantener el filo. Las espadas de acero Valyrio que quedan en el mundo pueden contarse por miles, pero en los Siete Reinos hay solo 227 de tales armas según ―Inventarios‖ del Archimaestre Thurgood, desde entonces algunas se han perdido o han desaparecido de los anales de la Historia.

LA MALDICIÓN DE VALYRIA

CON LA DESTRUCCION de los Rhoynar, Valyria pronto consiguió el dominio completo de la mitad occidental de Essos, desde el Mar Angosto hasta la Bahía de los Esclavos, y desde el Mar del Verano hasta el Mar de los Escalofríos. Los esclavos llegaron a raudales al Feudo y rápidamente fueron enviados a trabajar dentro de las Catorce Llamas para extraer el precioso oro y la plata que los señores del Feudo tanto apreciaban. Quizás, también en preparación para cruzar el Mar Angosto, los Valyrios también establecieron su asentamiento más occidental en la isla que llegaría a conocerse como Rocadragón, unos doscientos años antes de la Maldición. Ningún rey se les opuso—y los señores locales que hicieron algún esfuerzo para resistirse se dieron cuenta que la fuerza de Valyria era muy grande. Con sus artes arcanas, los Valyrios levantaron la Ciudadela de Rocadragón.

Dos siglos pasaron—siglos en los que las codiciadas espadas de acero Valyrio empezaron a emerger en los Siete Reinos con mayor rapidez que antes—pero no con tanta rapidez como para complacer a todos los señores y reyes que las deseaban. Y aunque la visión de un señor dragón que sobrevolando la Bahía del Aguasnegras ya no era del todo desconocida, a medida que el tiempo pasaba esto ocurrió con más frecuencia. Valyria sintió que su sentamiento estaba asegurado, y los señores dragón continuaron con sus planes e intrigas en su continente natal.

Y luego, inesperado para todos (salvo tal vez para Aenar Targaryen y su hija doncella Daenys la Soñadora) la Maldición cayó sobre Valyria.

Hasta el día de hoy, nadie sabe con exactitud que causó la Maldición. Muchos dicen que fue un cataclismo natural—una explosión catastrófica causada por la erupción conjunta de los Catorce Fuegos. Algunos septones, menos sabios, afirman que los Valyrios trajeron el desastre sobre ellos debido a sus promiscuas creencias en cientos de dioses, y hurgaron demasiado en su sacrilegio desatando los fuegos de los Siete Infiernos sobre el Feudo.

Un puñado de maestres influenciados por fragmentos de la obra del Septon Barth, sostienen que Valyria había usado hechizos para contener las Catorce Llamas por miles de años, que su incesante hambre de esclavos y riquezas era, tanto para sostener estos hechizos como para expandir su poder, y que cuando al fin esos hechizos decayeron, el cataclismo fue inevitable.

Acerca de esto, algunos afirman que fue la maldición de Garin el Grande, quien al fin obtuvo su venganza. Otros hablan de los sacerdotes de R‘hllor invocando los fuegos de su dios en extraños rituales. Algunos, enlazando la noción fantástica de la magia Valyria con la realidad de las ambiciosas casas Valyrias, argumentan que el incesante conflicto y engaño entre estas grandes casas lo que pudo desencadenar el asesinato de muchos de los respetados magos que renovaban y mantenían los rituales que contenían las llamas de los Catorce Fuegos.

La única cosa que se puede decir con certeza es que fue un cataclismo como el mundo no había visto nunca antes. El antiguo y poderoso Feudo Franco—hogar de dragones y hechiceros de inigualable habilidad—fue arrasado y destruido en cuestión de horas. Se dice que cada colina en quinientas millas a la redonda se rompió en pedazos llenando el aire con cenizas, humo y fuego tan caliente y voraz que incluso los dragones que los sobrevolaban fueron engullidos y consumidos. Grandes grietas se abrieron en la tierra, tragándose palacios, templos, y pueblos enteros. Los lagos hirvieron y se convirtieron en ácido, las montañas explotaron, fuentes ardientes expulsaron roca fundida a mil pies de altura, y nubes rojas llovieron vidriagón y sangre negra de demonios. Hacia el norte, el suelo se resquebrajó y colapsó sobre sí mismo, y la inundó un mar furioso de agua hirviendo.

La ciudad más orgullosa del mundo desapareció en un instante, el legendario imperio se desvaneció en un día. Las Tierras del Largo Verano—una vez las más fértiles del mundo—fueron arrasadas, inundadas y destruidas, y continuaron cobrando vidas incluso en el siglo siguiente.

Tras el súbito vacío empezó el caos. Los señores dragón estaban reunidos en Valyria como era su costumbre... a excepción de Aenar Targaryen, sus hijos y sus dragones, que habían volado a Rocadragón y así escaparon de la maldición. Algunos relatos afirman que unos pocos más también sobrevivieron... por poco tiempo.

Se dice que algunos señores dragón en Tyrosh y Lys se salvaron, pero en la apremiante conmoción política que siguió a la Maldición, ellos y sus dragones fueron asesinados por los ciudadanos de las Ciudades Libres. En cambio, las historias de Qohor afirman que un señor dragón que pasaba de visitaba, Aurion, reunió fuerzas de los colonos Qohorienses y se autoproclamó Emperador de Valyria. Él voló hacia Valyria, montado en su gran dragón, seguido por un ejercido a pie de treinta mil hombres, para reclamar lo que había quedado de Valyria y restablecer el Feudo. Pero ni el Emperador Aurion ni sus huestes fueron vistos de nuevo.

La época de los dragones en Essos llegaba a su fin.

Volantis, la más poderosa de las Ciudades Libres, pronto hizo reclamo sobre la soberanía de Valyria. Hombres y mujeres nobles de sangre Valyria, que no eran señores dragón, entraron en guerra con las otras ciudades. Los tigres, como se hacían llamar aquellos que abogaban por la conquista, guiaron a Volantis hacia un gran conflicto con las otras Ciudades Libres. En un principio, sus flotas y ejércitos tuvieron gran éxito controlando Lys y Myr, y comandando las los dominios sureños en el Rhoyne. Fue cuando se extralimitaron, e intentaron apoderarse también de Tyrosh, que su floreciente imperio colapsó. Temerosa del ataque Volantino, Pentos se unió a los Tyroshi en la resistencia. Myr y Lys se rebelaron, y el Señor del Mar de Braavos proporcionó una flota de cien navíos para ayudar a Lys. Además, el Rey Tormenta de Poniente, Argilac el Arrogante, guió una hueste hacia las Tierras de la Discordia—a cambio de la promesa de oro y gloria—que derrotó a los regimientos Volantinos que intentaban recuperar Myr.

A raíz de todos estos conflictos, y las luchas que continuaron hasta estos días sobre las Tierras de la Discordia, la plaga de las Compañías Libres nació y echo raíces. Al principio, estas bandas de mercenarios simplemente peleaban por aquellos que les pagaban. Pero hay algunos que dicen, que cuando la paz se instauraba, los capitanes de estas Compañías Libres instigaban nuevas guerras para sustentarse, y beneficiarse con los saqueos.

Cerca del final, incluso el futuro Conquistador, el todavía joven Aegon Targaryen, se involucró en el conflicto. Sus antepasados siempre miraron hacia el este, pero su atención desde una edad temprana había estado centrada en el oeste. Sin embargo, cuando Pentos y Tyrosh se le acercaron, invitándolo a unírseles en una gran alianza en contra de Volantis, él los escuchó. Y por razones que aún desconocemos, decidió aceptar su propuesta… hasta cierto punto. Montando en el Terror Negro, se dice que voló hacia el este, reuniéndose con el Príncipe de Pentos y los magísteres de la Ciudad Libre, y desde ahí voló sobre Balerion hasta Lys, justo a tiempo para abatir una flota Volantina que se preparaba para invadir aquella Ciudad Libre.

Volantis sufrió más derrotas—en el Lago Daga, donde las galeras de fuego de Qohor y Norvos destruyeron gran parte de la flota Volantina que controlaba el Rhoyne; y en el este donde los Dothraki empezaron a salir como un enjambre del Mar Dothraki, dejando, a su paso, ciudades y pueblos en ruinas mientras atacaban a la debilitada Volantis. Al final, los elefantes—la facción Volantina que favorecía la paz, y que estaba formada en su mayoría por los adinerados comerciantes y mercaderes que habían sufrido bastante con la guerra—les arrebataron el poder a los tigres, quienes favorecían la conquista, y pusieron fin al conflicto.

En cuanto a Aegon Targaryen, poco después de su intervención en Lys, está escrito que perdió todo interés en los asuntos del este. Pensando que el reinado de Volantis había llegado a su fin, voló de regreso a Rocadragón.

Y entonces, cuando las guerras en Essos dejaron de ser un problema, volvió su mirada hacia el oeste.

El Feudo Franco de Valyria y su imperio fueron destruidos por la Maldición, pero la destrozada península aún existe. Historias extrañas se cuentan sobre ella hoy en día, cuentos sobre demonios que atormentan el Mar Humeante donde una vez estuvieron los Catorce Fuegos. De hecho, el camino que une Volantis con la Bahía de los Esclavos llego a ser conocido como ―el camino del demonio‖ y es evitado por los viajeros más sensatos.

Los hombres que se atreven a entrar al Mar Humeante no regresan, como Volantis aprendió durante el Siglo de Sangre, cuando desapareció una flota que había sido enviada para reclamar la península. Existen rumores extraños sobre hombres viviendo entre las ruinas de Valyria y en las ciudades circundantes de Oros y Tyria. Pero muchos refutan dichos rumores, alegando que la Maldición aún perdura en Valyria.

No obstante, algunas de las ciudades alejadas del corazón de Valyria permanecen inhabitadas—lugares fundados por el Feudo y sujetos al mismo. El más siniestro de estos es Mantarys, un lugar donde se dice que los hombres nacen deformados y monstruosos; algunos atribuyen esto a la cercanía de la ciudad al camino del demonio. La reputación de Tolos, donde se encuentran los mejores honderos del mundo, y de la ciudad de Elyria en su isla, es meno siniestra, y meno notable también, ya que estas hicieron tratados con las ciudades Ghiscari en la Bahía de los Esclavos y por tanto, evitaron verse involucradas en cualquier intento por reclamar el corazón ardiente de la destrozada Valyria.

 
 
Fuente: George R.R. Martín
El Mundo de Hielo y Fuego.
 
 
 

miércoles, 8 de junio de 2016

SOBRE EL CUERNO DEL UNICORNIO I


Frente a mí, tengo una larga y recta vara de marfil. Del tamaño de un bastón, tiene en su extremo superior un diámetro de unos cinco centímetros y se va afinando hasta llegar a un extremo puntiagudo. A su alrededor, en el sentido contrario a las agujas del reloj, se forman bandas de no más de siete milímetros de altura, dando aproximadamente dos vueltas y media de un extremo a otro. En conjunto, forman una lanza retorcida. Podría imaginarse que unas manos fuertes la han retorcido, del mismo modo en que se retuerce la ropa mojada.

Al ver otra vara de marfil como ésta, Thomas Fuller, dijo con propiedad que a sus ojos y a cierta distancia parecía «un largo cirio de cera en espiral». Este bastón tenía en su extremo superior un casquete de plata con el escudo de armas de cierta casa noble y una máxima escrita en galés. Unos diez centímetros debajo del casquete, un orificio atravesaba el bastón, por el cual podría pensarse que pasaría el cordón al cual algún caballero de los antiguos días de esplendor ataba la borla de seda que adornaba el bastón. Sin embargo, no creo que este bastón tan especial haya andado alguna vez el camino por Birdcage Walk o por los jardines de Versalles, en parte porque la punta no está gastada, en parte porque pesa alrededor de seis kilos. Probablemente, el cordón que atravesaba el orificio no se usaba para soportar una borla sino para colgar el bastón de una pared en alguna gran casa de tres o cuatro siglos atrás.

Sin embargo, no dudo de que alguno de los antiguos dueños de esta vara la llevaran con ellos, pero no por comodidad o para exhibirla. Más bien, era su compañero en noches oscuras y en sitios peligrosos y lo llevaban cerca del corazón, tratándolo con ternura, como si fuese un tesoro.

En realidad, de eso se trataba. Preservaba al hombre de la flecha que volaba durante el día y la pestilencia de la noche, de la habilidad del envenenador, de la epilepsia y de otras enfermedades menos dignificadas de la carne, que no deben mencionarse en este contexto. En resumen, era un amuleto, un talismán, un arma y una coraza medicinal, todo en uno.

No debe sorprendernos que una vara como ésta, en la época en que se apreciaba este tipo de objetos, se vendía a veinte veces su peso en oro y que ése en particular, según Thomas Dekker, tenía el «valor de una ciudad». Tampoco debe sorprendernos que estos perfectos bastones se podían ver sólo en los salones del tesoro de papas, emperadores y reyes o cuando alguna iglesia opulenta, como la de San Marcos en Venecia, lograba adquirir uno lo enseñara al público sólo en días de gala y debajo de un palio de terciopelo púrpura.

Aunque el bastón que tengo frente a mí es de marfil, no pertenece a un elefante o a un mamut o mastodonte. Creció como es y, según las opiniones más eruditas de muchas generaciones, creció solo sobre la frente de un animal tan glorioso, tan virtuoso, tan bello, que el cielo otorgaba a la tierra sólo un espécimen cada vez, como en el caso del fénix.

Se trata del cuerno del unicornio. Para rastrear esta pieza de marfil, tratada con tanta reverencia, debo contar una historia que se remonta a los «siglos más salvajes» que podernos contar; una historia que comienza antes de la existencia de las ciudades o la agricultura, cuando las tribus bárbaras se trasladaban con sus rebaños buscando las pasturas de verano e invierno; un cuento que incluye, en un extremo, los mitos más primitivos y los primeros atisbos de sentido de la moral y, en el otro, las habladurías de los farsantes y los charlatanes de feria. En la red de esta historia deberé introducir muchas partes de la historia de la exploración, la medicina, el arte, el comercio y el pensamiento científico.

El hecho es que no puedo explicar cómo llegó hasta mí esta vara de marfil —la compré no hace mucho tiempo a un anticuario londinense por unas tres guineas— sin indicar, en un ejemplo vívido, el modo en que la magia se convirtió en dogma religioso y sucumbió gradualmente, o sigue sucumbiendo, bajo el desgaste de la ciencia moderna. Por supuesto, aun así, no lograré una explicación completa y no intentaré aniquilar y sustituir con una aburrida explicación una de las más bellas leyendas del mundo.

La remota y solitaria extrañeza del unicornio no corre peligro conmigo y creo que con nadie. Aunque no quisiera, debería mantenerlo alejado, en el misterio del cual surge. La leyenda del unicornio es enorme en variedad y amplitud, no sólo por el largo período que abarca sino porque se ven involucradas muchas áreas diferentes del conocimiento y porque la literatura que trata específicamente este tema es increíblemente extensa.

He perseguido al unicornio fundamentalmente en bibliotecas,  un zoólogo habría investigado sobre este tema de manera diferente; pero para mí el unicornio es interesantísimo como habitante de «los dominios de la mente del monarca». Exista o no un unicornio real —y ésta es una de las cuestiones sobre las cuales sólo citaré la opinión de otros—, no puede ser tan fascinante o tan importante como las cosas que los hombres soñaron, pensaron y escribieron sobre él. Si no es más que eso, un sueño tan antiguo y bello como el del unicornio merece mucha más consideración que la duda de saber si existe una especie en la fauna de la tierra. En todo caso, el sueño es un hecho incuestionable, un fenómeno de la mente; ha crecido como un árbol, echando profundas raíces en la mente y desplegando enormes ramas sobre nuestro cielo mental. 

Hace algún tiempo, mientras leía el tratado de Petrarca De Vita Solitaria, encontré una vívida descripción de la comida del mediodía en la casa de un tirano italiano del siglo XIV. Como la mayoría de los temas en la prosa latina de Petrarca, esta descripción deriva de De Abstinentia, de San Ambrosio; sin embargo, una o dos oraciones centrales se destacaban como una sorprendente observación personal. «Entre todos estos lívidos trozos amarillos y negros de carne» (dice Petrarca, que era vegetariano):

«El catador diligente prueba buscando el sospechado y merecido veneno. Sin embargo, se han tomado otro tipo de precauciones contra las tramas secretas: entre los vinos y los alimentos, se proyectan los lívidos cuernos de serpientes hábilmente atadas a pequeños árboles, de modo tal que resulta maravilloso ver cómo la misma Muerte se pone en guardia, como si fuera en la fortaleza del placer, contra la muerte de este pobre hombre.»

No tenía idea de qué podrían hacer los cuernos de serpientes sobre la mesa de un hombre rico y decidí descubrirlo. Unas horas de investigación en las páginas de Pietro de Abano, Ardoynus, y el cardenal Ponzetto me desvelaron que necesitaba saber los métodos usados en una época en Italia para detectar el veneno en la mesa, métodos como el cuerno de las cerastas que menciona Petrarca, las garras del buitre, «el mundo cerrado», el trozo de cristal, la etita, la lengua de la serpiente y otras cosas por el estilo.

Sin embargo, a medida que iba leyendo, el terror de esos malditos tiempos en que la muerte podía estar en el fondo de un vaso se apoderó de mí y, aún con mayor fuerza, un sentimiento de piedad por la forma salvaje e ignorante en que se podía encontrar el peligro.

No obstante, poco a poco, me sentí más relajado al ver que el cuerno del unicornio era la principal defensa contra el veneno de los que podían afrontar el elevado precio que por él había que pagar.

Después surgieron otras preguntas:

¿Cómo logró este cuerno adquirir semejante reputación?

¿Cómo se suponía que actuaba para detectar el veneno?

¿Cómo podía mantener su prestigio mientras los príncipes y duques de Italia que los poseían morían de repente y sin causa aparente?
 
¿De dónde provenían estos cuernos y cómo pasaban de unas manos a otras?

Si la creencia en sus poderes era sólo una vulgar superstición o era aprobada por hombres cultos y médicos:

¿Cuál es la antigüedad de esta creencia y cómo se originó?

Continuará...


 

martes, 7 de junio de 2016

EL PRINCIPIO DE LOS UNICORNIOS, HOMBRES Y DRAGONES


Del Jardín de Unicornio:
 
Golpeó entonces Asallam una roca desnuda, con su cuerno la penetró hasta grande hondura, y brotó una fuente de vida borboteante. Los fuegos se extinguían doquiera fluían esas aguas y empezaba la Tierra a fecundarse con multitud de cosas muy fructíferas. Se alzaron grandes árboles, florecieron; y bajo su sombra se instalaron las bestias salvajes y domésticas. Todo esto era intención del Santo Único, y el Unicornio, el instrumento de su querer.
 
De este modo se formó el Jardín del Unicornio, llamado Shamagim, que quiere decir Lugar donde hay Agua.

El Santo Único se dirigió entonces al primogénito, diciendo:

"¡Asallam! Tú sólo serás, entre todas mis creaciones, quien recuerde la ocasión y el modo de su hechura, y vivirás en permanente memoria de la Luz, para ser su conductor y su guardián. Pero jamás volverás a la Luz hasta la hora final del Fin del Tiempo".
 

Y el Unicornio, maravillado, vivió en su jardín y fue caminando hacia afuera.

De la creación del Hombre:

Entonces quiso ser conocido el Santo Único, aunque Él ya conocía todas las cosas. Se retiró dentro de Sí, y a partir de la tierra y del aire, del agua y del fuego, su sagrado aliento compuso al Hombre, que era fuerte y bello, el colmo de la creación. El Unicornio se maravilló mirándolo, y de pronto volvióse modesto y vergonzoso.
 
Como Asallam no participó en la creación del Hombre, el Unicornio lo amó aún más y ante él se inclinó como un sirviente.
 
Fue el Unicornio entonces la primera bestia que el hombre contemplara, la primera a quien dio nombre. Desde entonces hasta ahora el destino de ambas razas se ha ligado; el Unicornio conduce hacia la Luz y sólo el Hombre puede allí seguirlo.
 
Y éste, fue el principio de la Edad Primera.

En los largos años de la Edad Primera Hombre y Unicornio habitaron juntos y crecieron en estatura de cuerpo y mente. Pero en lo oscuro otros seres se desplegaban y fortalecían.
 
De la Generación de los Dragones:

El mismo día que el Unicornio hizo surgir de la roca una fuente de borboteante vida, también se sembraron semillas de peligro. Mientras las aguas esparcían su humedad fertilizante, se filtraban también por fisuras tenebrosas y goteaban hasta cavernas secretas y ardientes que se entrelazan en las raíces de los montes.

Allí, en esas cámaras del abismo, la carga vital de esas aguas sagradas se gastó por vez primera en criar algo viviente. Así nació entre fuegos y tinieblas el Dragón. Su difícil nacimiento le dejó huellas indelebles, y nunca hubo después otra creatura dotada en tal medida de tanta astucia y fuerza.

El primer dragón fue Yaldabaoth (aunque también se lo llama Tliamat, y de muchos otros modos). De horrible constitución, con ojos penetrantes y sin párpados, lo primero que contempló su mirada impávida fue la propia imagen en las aguas oscuras. Adoró la visión, y una secreta complacencia en esa imagen de sí le ha consumido el corazón desde esos tiempos.

Y Yaldabaoth creció enorme y generó a otros como él: Nagamat y Kaliyat y Orkus, Tarasque y Serpens, y muchos otros. Si bien los dragones tienen muchas formas y tamaños, todos son rápidos de mente y tienen sed de saber. Mientras el Unicornio intenta adivinar los secretos de la creación para mejor conocer al Creador, el Dragón desea lo mismo, pero a fin de dominar el mundo y de este modo derrotar a la muerte.

El Dragón odia con fuerza al Unicornio por su primacía, pues no se creó a sí mismo sino que le debe al otro su ser. Así pues, lo ha perseguido siempre con la intención de devorarlo y dejar de ser el que llegó después, y convertirse en el Más Viejo de todas las Cosas.

Pero el Unicornio controla todos los dominios de este mundo, y tanto en la sombra como en la luz más tenue debe enfrentar al Gusano. No existe creatura que supere al Unicornio en velocidad o coraje, pero es vasto y sutil el saber de los dragones. Pueden moldear su mente y adecuarla, e incitarlo a penetrar los laberintos de la propia; en ellos el Unicornio vacila en la creencia que intelecto tal no puede carecer de redención alguna. Así entonces, de modo imperceptible y paso a paso cae en un debate interminable y los dragones le vacían de su fuerza y de su luz. En esas galerías tenebrosas se acerca a su condena; sólo cuando pisa por senderos mentales que violan extremosamente su naturaleza advierte la desolación del sitio a que ha llegado.

Debe entonces el Unicornio atravesar un sendero muy estrecho. Le espera el odio, o bien la desesperación más fría. Uno y otra implican su derrota: sucumbir al odio sería hacerse del instrumento enemigo y perecer en su fuego. Pero si huye, vacío y desesperanzado, será entonces vencido, será destruido y perecerá.

Inmerso en confusión, sabe entonces el Unicornio por primera vez del toque frío del terror de los hombres mortales; el único terror que alguna vez conocerá. Si actúa con rapidez puede aún cantar victoria. Con sagacidad, con el más alto amor, nos debe despertar de un sueño, destrozar al Dragón, sin vacilar, con su Cuerno espiralado.
 
Fuente: De Historia et Veritate Unicornis.
Texto descubierto y anotado por Michael Green


LA CASA TARGARYEN ANTES DE JUEGO DE TRONOS

 
Gobernar ciertamente tuvo un alto costo
para los Targaryen.
 
"La mitad de los Targaryen se volvieron locos
¿no es cierto? ¿Cómo dice el refrán?
"Cada vez que nace un Targaryen,
los dioses arrojan una moneda al aire".
 
-Cersei Lannister

 
 La Casa Targaryen es una casa noble de ascendencia Valyria que escapó de la Maldición.

EMBLEMA: Un dragón de tres cabezas, rojo sobre negro; de las fauces sale fuego.

LEMA: "Fuego y Sangre"

UBICACIÓN: Sus asentamientos eran la capital del reino Desembarco del Rey, la isla de Rocadragón y el castillo de Refugio Estival.

La Casa Targaryen es una antigua casa grande de Poniente y fue la Casa Real gobernante de los Siete Reinos durante tres siglos, antes de que fueran depuestos durante la Rebelión de Robert y la Casa Baratheon la reemplazara como la nueva casa real. Los pocos supervivientes Targaryen se exiliaron.

Los Targaryen son descendientes de los supremos señores del antiguo Feudo Franco de Valyria en el continente oriental. A ellos se les dio el control de la isla de Rocadragón en el Mar Estrecho durante algunos siglos.
 

Después de la destrucción de Valyria, los Targaryen lanzaron una devastadora invasión de Poniente utilizando tres dragones como punta de lanza de su ataque. En un corto período de tiempo, seis de los siete reinos anteriormente independientes se habían rendido al líder Targaryen, el rey Aegon I, conformando la unidad del continente bajo su gobierno y estableciendo la capital en Desembarco del Rey. El último reino en unirse al reino, Dorne, lo hizo a través de una alianza política y el matrimonio unos dos siglos más tarde.

Durante 283 años los Targaryen reinarán sobre Poniente, sucediéndose 17 reyes. Entre estos, destacan algunos, como Aegon I el Conquistador (1-37), Aegon III Veneno de Dragón (131-157) bajo cuyo reinado murieron los últimos dragones, Daeron II (184-209), que incorporó Dorne a la corona gracias a su matrimonio con Myriah de Dorne y que tuvo que combatir la rebelión de su hermanastro Daemon Fuegoscuro, o Aegon V el Improbable (233-259) hermano del maestre Aemon.

Durante el reinado cada vez más errático del rey Aerys II, su hijo Rhaegar secuestra a Lyanna Stark de Invernalia por razones desconocidas. Cuando el hermano de Lyanna Brandon protestó, Aerys respondió haciendo que tanto él como su padre Rickard Stark fueran detenidos y ejecutados. Esto provocó un levantamiento masivo dirigido por Eddard Stark , Robert Baratheon y Jon Arryn. Al final de esta guerra Aerys y Rhaegar estaban muertos y la base de poder Targaryen en Poniente destruida. Los Hijos más pequeños de Aerys, Viserys y Daenerys, fueron salvados por los leales Targaryen y llevados al exilio en las ciudades libres de Oriente.

De su origen Valyrio, mantienen los Targaryen una extraña belleza, caracterizada por el cabello blanco plateado (rubio platino), piel muy pálida y ojos de color índigo, así como la tradición de casarse entre hermanos para mantener su sangre pura. Estas uniones también hacen que hereden en sus genes la capacidad de montar dragones y de tolerar el calor extremo y el fuego, aunque no todos ellos son invulnerables al fuego...




 
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