LA VIDA SECRETA DE CARLOS CASTANEDA

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lunes, 7 de septiembre de 2020

ALEJANDRO MAGNO, HADAS Y SERPIENTES


Hay que hacer una aclaración en lo que los antiguos llamaban propiamente serpientes, serpens, las cuales, según ellos, no diferían de los dragones sino por su menor talla y más todavía por su picadura mortal. Las distinguían en varios géneros, pero sólo tres eran célebres, a saber: el basilisco, el áspid, que es nuestra víbora, y la serpiente propiamente dicha, que es nuestra culebra.

Puede haber confusión cuando se trate de determinar si la serpiente de que Alejandro el Grande se vanagloriaba de ser hijo, a causa del sueño de su madre Olimpia, pertenecía a la clase de las culebras o a la de los dragones. 

Alejandro creía haber zanjado la cuestión diciendo que esa serpiente era un dios. Pero si mi opinión pudiese tener algún valor, diría que me inclino a creer que debía ser un reptil venenoso, ya que engendró a un conquistador; luego se podría alegar aún otra razón, aunque menos directa, y es la siguiente:

Los reptiles venenosos poseen la singular facultad de fascinar con su mágica mirada a los animales que han de ser su presa, de modo que esas pobres y estúpidas víctimas van por sí mismas a arrojarse en su emponzoñada boca.

Hasta los hombres mismos están sometidos al poder de este encanto, si hemos de creer a ciertos viajeros. Uno de éstos, especialmente, cuenta ese fenómeno, del que él mismo experimentó el terrible efecto: a pesar suyo caminaba hacia la abierta boca de un boa, que le fascinaba con la mirada, y todos sus esfuerzos no bastaban a desviarle de la línea recta que le conducía a la garganta del monstruo. Felizmente para él, llevaba un fusil, y un fusil no se deja fascinar por el miedo como una curruca o un cobarde. Salió el tiro, y la explosión destruyó el mágico encanto, quedando en libertad, el boa y el viajero, de escapar cada uno por su lado.

De todos modos, los pueblos de la antigüedad sintieron siempre gran terror por las serpientes, y sólo por esta causa las divinizaron a menudo, o cuando menos las rodearon de gran veneración.

No se si podrá negar que los hombres tienen una innata tendencia a adorar todo lo que temen y a sembrar el desprecio y la infamia sobre todo lo que no les inspira temor. 

Los emperadores romanos, son un ejemplo, por ser considerados dioses durante su vida y arrastrados por el fango después de su muerte.

Las serpientes, pues, han desempeñado siempre un gran papel en la historia, hayan sido o no padres de reyes, como la de Alejandro.

Según Policiano, el carro de Saturno o del Tiempo, que todo lo devora, estaba tirado por serpientes; se representaba el emblema del tiempo por una serpiente que se muerde la cola; también se figuraba a la Sabiduría por uno de esos animales. El horroroso y petrificante terror se materializaba por una cabeza de Medusa cuya cabellera estaba formada de serpientes. Finalmente, el caduceo de Mercurio, dios del comercio y de la diplomacia, tenía dos serpientes entrelazadas, para demostrar que cuando se trata de un asunto comercial y diplomático, los dos bichos más venenosos pueden entenderse perfectamente y aun ayudarse, hasta que el uno devora al otro.

No hace aún mucho tiempo, se contaba que las hadas perdían todo su poder sobrenatural cierto día del año, y que durante ese día fatal se volvían serpientes o culebras, estando expuestas entonces, sin ningún recurso mágico, a todos los inconvenientes de una verdadera culebra, a la que cualquiera podía matar sin el menor inconveniente. Por esto tenían ellas buen cuidado de ocultarse en los retiros más inaccesibles, lo que no impedía que algunas veces les sucediesen accidentes.

Si una persona era bastante caritativa para acudir en su auxilio cuando un maligno muchacho las tiraba de la cola o cuando un grosero labriego se preparaba a aplastarles la cabeza con una piedra, etc., esa persona, según su sexo, se casaba necesariamente con un príncipe o una princesa, se volvía rico y feliz para toda su vida, y tenía muchos hijos, lo cual miraban las hadas como el complemento de la dicha perfecta.


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